Buenos Aires, 18 ene (EFE).- Los argentinos alcanzaron la gloria el pasado 18 de diciembre. Ese día, mientras los jugadores de la selección alzaban la Copa del Mundo, millones de personas salían a las calles para dar rienda suelta a su felicidad, una muestra de éxtasis colectivo que, un mes después, está lejos de desaparecer.

Cientos de aficionados todavía exhiben la camiseta albiceleste y los recuerdos de las celebraciones permanecen en cada rincón de Buenos Aires, una ciudad que luce más futbolera que nunca gracias, en parte, a la infinita creatividad de los artistas plásticos.

Un desborde de talento que está presente en casas particulares, grandes avenidas, paredes anónimas o lugares históricos, como es el caso de Los Galgos, uno de los bares más emblemáticos de la capital, en donde este miércoles se inaugura un mosaico de Lionel Messi levantando el título mundialista.

«Cuando vimos que teníamos una forma de transformar nuestra pared en un cuadro para la ciudad, no lo dudamos, porque nos parece que es algo que tiene que durar por siempre en nuestro recuerdo y nuestra memoria», asegura en entrevista con EFE Julián Díaz, propietario del establecimiento.

MOSAICOS IMPERECEDEROS

Compuesto por cientos de piedras minúsculas («venecitas»), este mosaico ha sido un éxito inmediato. Al reparar en la figura del capitán de la selección, la gente detiene inmediatamente su marcha, saca su teléfono móvil y posa junto a su ídolo, para después girarse y darle un beso en señal de agradecimiento.

Ese ritual se repite durante toda la conversación con Díaz, quien ve a Messi como un «gran héroe» nacional, cuyo buen rendimiento sobre el terreno de juego obedecía a un «amor gigantesco por su pueblo y por su camiseta».

«Fue un Mundial que tuvo una épica muy especial, por cómo se ganó y por lo que significó para esta gente; una fiesta masiva y popular en la calle», manifiesta el responsable del bar al recordar las jornadas del 18 y 20 de diciembre, en las que más de cuatro millones de personas colapsaron las calles de la capital.

Detrás de este mural, cuyos materiales resisten el paso del tiempo sin problemas, están los artistas de Mosaico Nacional, un colectivo que ha retratado a grandes referentes de la historia argentina como Rodolfo Walsh, Eva Perón o Diego Armando Maradona, entre muchos otros.

«Este es un pequeño homenaje que queríamos hacer por la tercera Copa del Mundo que tanta alegría nos dio (…). Nuestra militancia visual es siempre venerando a los héroes del pueblo argentino. Maradona es uno, Messi es otro; cada cual con lo suyo, pero no hay duda de que son héroes», afirma Gonzalo López, integrante de Mosaico Nacional.

Los argentinos continúan extasiados por el triunfo mundialista un mes después

Fotografía que muestra un mosaico de Lionel Messi en el emblemático bar Los Galgos, hoy en Buenos Aires (Argentina). EFE/ Enrique Garcia Medina

CAPITAL ALBICELESTE

Las demostraciones de fervor y orgullo futbolero abarcan todo el espacio público de Buenos Aires, que aparece teñida con los colores de la selección, adornando los balcones de los edificios y las escalinatas de la ciudad.

La iniciativa más impactante, en este sentido, fue «Exabrupto de Color Campeones del Mundo», una obra del artista Alfredo Segatori que, ubicada en el Microcentro porteño, extiende el azul y blanco de la bandera argentina por 400 metros cuadrados de superficie.

Esas escaleras ya constituyen un punto de encuentro para los turistas que visiten la capital, especialmente por su proximidad al Obelisco: en este último lugar, epicentro de las celebraciones mundialistas, los operarios continúan reparando el jardín que acoge las gigantescas siglas «BA», dañadas durante los festejos.

Una postal, la del Obelisco y sus alrededores repletos de gente, que invita a la reflexión: ¿por qué movilizó tanto el Mundial de Qatar 2022? ¿Por qué los argentinos, un mes después, todavía son incapaces de pasar página de ese triunfo, hasta el punto de evocarlo una y otra vez por redes sociales o en las fiestas navideñas?

«Venimos de muchos años de frustraciones, de divisiones políticas, donde no se podían ver fiestas populares sin que hubiesen rivalidades», apunta Díaz sobre la polarización política y social que atraviesa la sociedad argentina, conocida popularmente como «grieta», que quedó en un segundo plano durante el Mundial.

«Me parece que plasmar esto (el triunfo final) en las paredes de toda la ciudad es algo que nos llena de alegría. Es una pequeña muestra también de que Argentina siempre revive esa necesidad de seguir adelante; que, a pesar de las crisis económicas y de todo el sufrimiento, hay que festejar y levantar cabeza», agrega.

Y es que la resiliencia forma parte del vocabulario básico del pueblo argentino, que ahora, tras la victoria de los suyos de hace un mes, mira al futuro con un poco más de optimismo.