El equipo del Manchester City aplastó este sábado 5-0 Arsenal. Aunque muchos tenían asumida la derrota como algo probable, las circunstancias han hecho que no sea nada fácil de digerir para los ‘gunners’.

Paupérrima imagen del equipo de Arteta, lastrado además por la roja directa que vio Xhaka con casi todo el partido por delante.

El Arsenal saltó al Etihad muy vivo. Parecía que pondría en apuros al City, apoyándose en sus ya habituales buenos arranques. El problema no es que el ímpetu le durara poco, es que su defensa tardó siete minutos en conceder el primer tanto.

Fue la primera llegada de peligro del City, y vio puerta, buena prueba del bajo nivel defensivo de un Arsenal que no es ni la sombra del equipo de tiempos pretéritos.

Gabriel Jesus y Bernardo Silva jugaron en la banda derecha, el primero centró y Gündogan se aprovechó de la falta de entendimiento entre Leno y Chambers para rematar de cabeza el 1-0.

Aquello dejó tocado al Arsenal, y solo cinco minutos después encajó el segundo. Instalado en la melancolía, cuando no directamente depresión, el Arsenal era un equipo sin alma.

El segundo tanto evidenció de nuevo que este equipo no está nada trabajado en defensa. Falta que el City botó en corto, moviendo el balón en la frontal para descolocar a sus rivales y que perdieran las marcas.

Centro, mal despeje, y Ferran Torres solo tuvo que meter el pie para anotar el segundo. Una cadena de errores que terminó de la peor manera posible para el Arsenal.

Pero como a perro flaco todo son pulgas, lo peor estaba por llegar para Arteta. Sus jugadores empezaron a llegar tarde, a ver amarillas (Cédric, Kolasinac), y en el 35′, la guinda del pastel.

A Xhaka, desbordado, se acabó por saltar el relé y entró con los dos pies por delante a Cancelo. Martin Atkinson no se lo pensó dos veces y le mostró la roja directa. Su enfado con el luso, fruto de la frustración que estaba viviendo, injustificado: quizá no le enganchara de lleno, o no para que se quejara como lo hacía su rival, pero es que si le hubiera golpeado como pretendía, igual hubiera salido en camilla.

Y si el Arsenal hacía aguas con once, con diez el partido fue un monólogo completo y absoluto del City. Lo mejor que le podía pasar al Arsenal es que el descanso llegase pronto, pero esos diez minutos que restaban fueron eternos.

Para colmo, el City logró marcar el tercero antes del intermedio, un jugadón de Grealish, que se metió como quiso en el área rival, y que dio el pase de la muerte a Gabriel Jesus, quien estaba tan solo que pudo controlar y chutar en el área pequeña.

La segunda parte, más de lo mismo, con el City controlando de cabo a rabo el partido y buscando más y más goles, aunque cada vez con menos ímpetu. Cosa lógica, por otro lado, la rivalidad entre City y Arsenal es fuerte, pero no hay motivación para humillar a tu rival. No es un derbi.

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