El Real Madrid juega hoy uno de esos partidos que han sido devorados por su actualidad. Ancelotti, como es lógico, asegura que nada desvía al equipo del objetivo: sacar los tres puntos del campo del Betis y no repetir los errores que tan caro le costaron ante el Levante.

Pero la realidad es otra. Todo lo que rodea al equipo blanco, comenzando por su presidente, está centrado en rematar la llegada de Kylian Mbappé al club. Hasta cómo será la presentación ha provocado más interés que un partido de Liga de esos que cuando sale el calendario se marca como una de esas salidas en las que hay que apretar los dientes para ganar. De las tres últimas, el Madrid perdió en un una y ganó las otras dos con un sufrimiento extremo.

El que puede ser el último partido antes de que se abra la era Mbappé sitúa a todos los jugadores del ataque, menos a Benzema, en una situación de presión máxima. Con La tortuga en el equipo, al tridente solo le queda una vacante libre. De todos ellos, es Eden Hazard el más señalado. A la espera de saber donde queda marcado el récord pagado por un traspaso en la Casa Blanca cuando se cierre el acuerdo con el PSG, el belga está en la cúspide. Su llegada se cerró en un cifra estimada de 115 millones, para algunos un poco menos y para otros mucho más.

Más de dos años después de aquel gigantesco desembolso, la aportación de Hazard al Madrid es minúscula: cinco goles en 45 partidos; su equipo ha marcado 194 en 105. Es decir, ha sumado el 2,5% de los goles y ha jugado el 42,8% de los partidos.

Esos registros han colocado al belga, hace ya tiempo, en una situación de máxima sospecha. La llegada de Mbappé no hará otra cosa que disparar la exigencia sobre un fútbolista cuya mejoría en este arranque de temporada se percibe ligeramente. Tanto que en las dos primeras jornadas la aportación de Bale, Rodrygo y, sobre todo, Vinicius ha sido superior.